Entrevista Masatoshi Yasuno shihan

Masatoshi Yasuno – Shihan

El Aikido desde Yamaguchi sensei hasta nuestros días

El maestro Yasuno (7 de setiembre de 1948, prefectura de Kanazawa), 8º dan Aikikai, es considerado uno de los herederos del Aikido desarrollado por Yamaguchi shihan. Su planteamiento se caracteriza por movimientos contundentes y una estructura marcadamente vertical.

 

¿Qué motivaciones fueron las que lo condujeron al camino del Aikido?

Cuando tenía 18 años, el Aikido era muy poco conocido en Kanazawa de donde soy originario, en la región de Hokuriku. No fue hasta mi llegada a Tokio, que descubrí el Aikido gracias a la referencia de una guía para estudiantes que ingresaban a la universidad. Me dejó muy impresionado las fluidez de movimientos y la vitalidad de las técnicas de Uchi y Tsuki. Por cierto, fue gracias al Aikido mi carácter egoísta y tozudo se ha ido templando.

¿En qué momento se decidió a enseñar Aikido?

A medida que me entrenaba más y más, fui profundizando en el sentido de este arte hasta alcanzar una apreciación más elevada de él y, mientras me dedicaba a mis ocupaciones cotidianas y mis obligaciones en la vida, me preguntaba a mi mismo ¿qué es lo más importante para mí de todo esto? y así fue que me di cuenta de lo mucho que significaba en mi vida el “keiko”. Además, mi maestro de entonces, Yamaguchi, habiendo notado la originalidad de mis movimientos, me propuso dar clases en el Hombu dojo, lo cual no dudé en aceptar enseguida.

 

¿Qué importancia tiene para usted el kokyu (respiración)? ¿Hace falta entrenar para perfeccionarlo?

Toda forma de vida necesita respirar y cesar de respirar significa morir, por tanto, la respiración está íntimamente relacionada con el movimiento. El kokyu en Aikido es este movimiento mismo, el origen de la energía vital que nos conecta con los aspectos más internos de nuestro cuerpo y mente y nos permite expresarnos y ser conscientes de nosotros mismos para aprovechar al máximo cada momento, todo lo cual se materializa en la ejecución de la técnica. En el plano práctico, nos permite coger la distancia justa del compañero y percibir su estado de ánimo y actitud corporal a la vez que adoptamos una postura correcta y mantenemos la calma, aunque esto no se logra sin una práctica constante en el tiempo, por supuesto.

 

¿Considera usted la velocidad un factor determinante en Aikido?

La velocidad del movimiento no es importante en sí misma, incluso nos podemos confundir en la técnica por ir demasiado rápido y lo mismo sucede si pasa lo contrario, al ser excesivamente lentos. Por eso, hay que procurar ser un poco más rápido que el compañero, eso es lo primordial si queremos salir de una situación de urgencia. Si esto lo aplicamos al proceso de nuestro estado interno, significa que hay que estar atento para poder anticiparse al movimiento del contrario, es decir, “recibir” al compañero. En otras palabras, hay que intentar “conducir” la situación y nunca dejarse dominar por esta.

 

¿Qué opina respecto del uso de armas blancas como medio de práctica?

El Aikido es también llamado “esgrima sin espada” o “el arte del bastón sin bastón”, sin embargo, eso no significa que no se deba estudiar el manejo de armas. De hecho, en Shinkage-ryu se dice que “la práctica sin armas equivale a adoptar una actitud no violenta para resolver un conflicto sin llegar a combatir”, lo cual no quiere decir que no tengamos que emplear alguna técnica en caso de que sea necesario. Si no tenemos la posiblidad de emplear armas, al menos hay que saber que durante el keiko estamos expuestos a ser “tocados” o “heridos”, y es por eso que practicamos armas. Si observamos los principios del Budo y las enseñanzas de Osensei, nos daremos cuenta de que la concentración y tensión de la energía se ejercitan mejor si las complementamos con el trabajo de armas. Por otro lado, el Budo no puede tomarse a la ligera si nuestra intención es practicar seriamente, porque si no, podría llegar a ser incluso contraproducente. Por todo ello, para mí, siempre es bueno releer los textos clásicos de autores profesionales de la espada (Koten Kengo).

 

¿Es más importante la flexibilidad que la fuerza física? ¿Qué ventajas tiene una sobre la otra?

Ambas están relacionadas pero la flexibilidad conduce a un mejor desarrollo del Kokyu y este, como consecuencia, nos ayuda a mejorar la fuerza. No quiero restar protagonismo a la fuerza, de hecho, es mejor tenerla que no, sobre todo en los brazos pero, lo esencial, es hacer un uso eficiente de ella mediante nuestros movimientos. La persona que posee fuerza física, tiene que ser mentalmente y físicamente flexible para no desperdiciar energía. Mi maestro decía: “el movimiento del cuerpo nace de la flexibilidad de la mente”. Por ejemplo, una persona habituada a levantar 50 kg., querrá levantar 60 kg., en mi caso, intentaría disminuir mi taisabaki hasta un tercio de mi actual distancia.

¿Cree que el Aikido se trata de un arte marcial de defensa únicamente?

El Aikido es un Budo, por lo que no interesa practicarlo si no sirviera para el combate o para defenderse, en cuyo caso, se busca el contacto con la técnica del otro, con su estado de ánimo para llegar a entender cómo absorverla en la propia sensación individual de cada uno. En mi clases, procuro transmitir la libertad de no depender de las decisiones preestablecidas y, al mismo tiempo, trabajar sobre uno mismo durante el keiko.

 

¿Cuál es la mejor forma de emplear el Atemi?

El atemi permite entrar con el cuerpo para realizar una buena técnica, siempre que ese movimiento se origine desde el vientre donde se encuentra el hara para llegar a tocar un punto vital del contrario o confundirlo para romper su concentración y, a la vez, medir con precisión la distancia o maae. En Kendo, por ejemplo, dicen que el corte (kiri) pertenece al dominio de la razón, y la estocada (tsuki) pertenece al dominio de la intuición. Por tanto, el atemi, que es como un tsuki, es de suma importancia a la hora de entrenar la intuición y la sensibilidad.

 

¿Hay técnica más importantes que otras? ¿Piensa que ikkyo es el principio de todas?

¿Qué es un principio? Podemos extraer movimientos a partir de aplicaciones y formas que no pertenecen a ninguna categoría. Para mí es más importante la técnica (waza) que la forma (kata), me refiero a técnicas como ikkyo, irimi o shihonage pero para ello es imprescindible coger la distancia justa a fin de obtener un movimiento integrado (ikkyo) manteniendo el sutemi (irimi) y así obligar al compañero a moverse (shihonage). Ikkyo, en japonés, se escribe con el signo de “uno” y “aprender”, por tanto, el nombre indica que ikkyo está siempre presente aún cuando estemos practicando otras técnicas. “Uno”, además, tiene una connotación muy amplia como el Comienzo y el Fin y la técnica es una sola, es decir que “Uno” es como si fuera un “Todo”.

 

¿Qué opina del vínculo entre técnica sentado (suwariwaza) y técnica de pie (tachiwaza)?

Suwariwaza es una de las particularidades del Aikido que no debería dejar de practicar, tanto el principiante, como el alumno avanzado ya que tiene el propósito de calmar la mente, afianzar el centro de gravedad y estabilizar la respiración. Además, nos sirve para mantener un eje firme, fortalecer el vientre, piernas y tobillos que son la base sobre la que se asientan las técnicas de pie.

 

¿Piensa que sea positivo que el Aikido evolucione?

Ha habido cambios en función de las épocas y cirscuntancias del mundo pero los principios, espiritualidad, ambiciones e ideas son las mismas aún hoy día. El modo de entender el Aikido puede transmitirse mediante el lenguaje pero las palabras no pueden comunicar todo aquello que se siente. Actualmente disponemos de muchos medios tecnológicos pero los seres humanos somos seres corpóreos, por lo que es difícil capturar nuestra esencia en imágenes; lo que aprende nuestro cuerpo queda fijado en nuestro corazón. La cuestión es respetar las tradiciones y vivir el presente, mientras aprendemos entrenando cada día más, lo que produce en nosotros algo bueno y bello. Esto es lo que tengo siempre en mente cuando practico Aikido. En definitiva, lo que tenga que cambiar en este mundo, cambiará y lo que no, se quedará tal cual.

 

¿Cuáles son sus mejores recuerdos de sus años de práctica con Yamaguchi sensei?

Aprendí de Yamaguchi sensei a gestionar eficientemente el cuerpo, la mente y el corazón en diferentes situaciones y la gran belleza de su técnica pero, lo que no olvidaré jamás son las proyecciones y la sensación de control que tenía sobre mí como uke. De él he aprendido, también, su forma de percibir el mundo y su manera de practicar, aunque eso es sólo una parte. En cuanto a la técnica, son muy ilustrativas aquellas en las que como uke, no sabía si había tocado al maestro al momento de encontrarme tirado en el suelo del tatami. No me había hecho daño pero, si intentaba levantarme me resultaba imposible. En el plano espiritual, siempre me decía que para “ser fuerte tenía que aprender a ser débil primero”, eran palabras muy profundas, intensas. También decía: “cuando os encontréis en dificultades, tenéis que buscar una salida, esto es Aikido” o “el Aikido es una forma de avanzar”, “alcanza tus límites”, “no trates de ser bello, intenta ser tú mismo”, “piensa en lo que puedes hacer ahora”, “sucederá lo que deba suceder”… Estas frases son las que más recuerdo.

¿Cree que el Aikido nos aporta cosas útiles más allá del dojo?

El dojo es como el “detrás de escena” y la vida es el escenario. Un keiko puede durar tres cuartos de hora, durante los cuales damos el máximo de nosotros mismos, luego del keiko salimos otra vez al mundo y en este sentido, el Aikido nos aporta una nueva vitalidad a través de la cual nos relacionamos con los demás y el entorno de una manera más sana y positiva.

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